9.11.22

If I can't have love


Por algún motivo hoy mis ojos ven su figura más claramente que de costumbre, aun sin lentes. Se acerca a mí arrastrando los pies por la arena con el rostro envuelto en el pelo negro largo al que me acostumbré a mirar cuando me guiaba por aventuras que no sabía que necesitaba vivir, que no sabía que quería vivir, con ella. A las que me arrastraba cual huracán y nunca supe decir que no para luego terminar enredado en su risita frenética y su pelo lacio. Probablemente haya un hechizo en él que nunca logre descifrar.

Cuando llega a mí la tomo por la cintura y beso su frente como cada mañana. Algo se siente diferente. Una ráfaga de frío recorre mi espalda al tocar la piel expuesta entre la pretina de su falda y el pequeño top crema. Siento sus finos vellos erizarse ante la presencia de mis dedos.

Tomo su mejilla y aparto sus cabellos buscando su mirada, en busca de una respuesta a esta sensación de vacío que de pronto me invade. Cuando la miro el universo desaparece en sus ojos de obsidiana. Me pierdo en su infinita oscuridad y olvido lo que iba a preguntarle. "Debo irme", me dice, entre pestañas. No comprendo el significado de las palabras que salen de su boca. Examino su expresión: tiene el rostro afligido, las manchas oscuras bajo sus ojos delatan que no ha dormido bien. Dentro de mi cabeza todo cobra sentido y asiento con tristeza.

Estiro mis brazos y me aferro a su cintura por última vez en un vano intento por retenerla. Entierro mi nariz entre las negras hebras de su cabello buscando perpetuar su olor a café en mí. No puede quedarse conmigo. Yo lo sé, ella lo sabe. Juraría que puede verse como pedazos de mi alma se desgarran y quedan prendados de su falda cuando se separa de mí y suelta mis manos. Mi corazón quiere suplicarle que no me deje pero mi orgullo no me lo permite. Intento decir algo, busco en mi cabeza algún argumento válido que la convenza, sin éxito. Ya todo lo hemos dicho. Se aleja, pero da la vuelta para dedicarme un par de lágrimas que tímidamente reflejan la luz por una fracción de segundo.

I always felt broken on the inside, today I really am.



29.4.14

El vaso medio tú

Javier se levanta en la mañana y lo primero que hace es lavarse la cara. Medio vaso de jugo descansa sobre la mesa de su cocina. Anoche lo llenó pero el cansancio del día no le permitió terminarlo y a penas pudo llegar a su cuarto para desplomarse sobre la cama y quedar profundamente dormido casi de inmediato.
La primera alarma no logró despertarlo y la segunda solo le deja tiempo suficiente para tomar una ducha rápida y salir casi corriendo al trabajo, en el cual no le pagan mucho pero que le brinda la experiencia suficiente para poder postular a uno mejor cuando termine la maestría que, con suerte, será en un par de meses. El sacrificio es grande. Debe salir del trabajo lo más rápido posible para llegar a clase y luchar con el sueño mientras escucha lo que este le permita. Los días se han vuelto muy monótonos ya que su vida se ha reducido al trabajo, la universidad, un par de programas de televisión los fines de semana, mantener el orden en el mini departamento que ajustadamente puede pagar y leer uno que otro libro durante sus viajes en el bus. Adora escribir pero difícilmente tiene tiempo de terminar un cuento, de esos que escribía por montones cuando estaba en pregrado. Lo empieza, y cuando intenta retomarlo simplemente no le gusta lo que había escrito o no recuerda la intención que tenía al empezar a escribirlo. Menos aún tiene tiempo para estar pensando en vasos de jugo helado que descansan sobre la mesa de su cocina.
Pero es ese vaso el que lo recibirá en casa, y es en ese vaso en el que resumirá su día. Dependiendo de cómo le haya ido, ese vaso será lo  suficientemente bueno como para calmar o no su sed: lo verá medio lleno o medio vacío.
Él trata de ver el lado positivo y de aprovechar todas las oportunidades que se le presentan, pero tal vez ese no sea el caso hoy. Hoy se levantó tarde, y con el apuro, olvidó un informe que le había tomado todo el fin de semana hacer, así que tuvo que quedarse un poco más para terminarlo y se le hizo tarde para la universidad. Sabía lo estricto que era su maestro, por lo tanto decidió tomar un taxi, solo para darse con la sorpresa que el profesor se había reportado enfermo y no llegaría.
De vuelta en casa, abre la puerta, frustrado, camina hacia la cocina y se encuentra con nuestro vaso. A pesar del día terrible, le da una oportunidad y decide tomarlo. Pero el vaso no sabe nada sobre el mal día que ha tenido Javier y hace media hora que le dio posada a una mosca que por ahí pasaba.

26.2.14

Katherine


Desde los pies que alguna vez adoró por ser tan suaves y perfectos, hasta el cabello que solía peinar con los dedos. Todo. Todo lo que la hizo la mujer que es hoy, le parece abominable. Odia la mirada profunda que hace a los hombres perder la cabeza, odia las manos frías y suaves que alguna vez condujeron a muchos a universos en los que la soledad estaba extinta; odia los labios que tantos halagos recibieron algún día y odia las caderas que alguna vez definieron los sinuosos ritmos de sus vidas.

Odia tanto su pasado. Odia lo que podría ser su futuro. Odia incluso lo que su pasado le ha hecho a su presente y lo que éste le está haciendo a su futuro. Tan llena de odio que ya olvidó lo que es amar. Tan llena de odio que ya ni recuerda por qué odia tanto.

Ya no recuerda el día que su vida oscureció y la llevó al punto en el que está ahora pero aún lo odia, porque de no hacerlo nada tendría sentido. Necesita odiar para mantener la cordura. Entre sus tacones altos y sus medias viejas, espera aún conservar su cordura.



17.4.13

Cenantes.


"Siento que el corazón es una cosa enorme que empieza en la garganta y termina en el estómago". Eso. Eso me pasa. Duele saber que no estás, una vez más. Me siento terriblemente sola, aún cuando puedo verte.

Ahora eres ciego, ahora eres sordo. Ahora solo hablamos de cosas estúpidas y te niegas a escucharme cuando te digo que te quiero. Y en mi cabeza la niña malvada comienza a cantar: ¡Ya no te quiere! ¡Ya no te recuerda! ¡Ya no te escucha! ¡Ya no te ve!

Y adoraría que todo eso fuese una vil mentira, uno más de sus ardides para hacerme sufrir. Pero aunque tenía la esperanza de que algo de eternidad se escondiese en ti, las cosas han cambiado y cada día se me hace más difícil ver tus ojos, cada día me cuesta más ver amor en ti.

“19 de noviembre de 2003. Otra vez cenamos en un restaurante,
somos como esas pobres parejas que dan pena en los restaurantes.
Somos muertos cenantes. No soporto ser una pareja
de la que se podría pensar eso."
-The eternal sunshine of the spotless mind

Y no, yo tampoco soporto ser una pareja de la que se podría pensar eso.




21.1.13

Soledad Brown

Nunca me dijo su verdadero nombre, o al menos no le creí cuando me lo dijo porque, bueno, no es fácil creerle a una mujer que encuentras recostada en la banca de un parque frente a la playa, completamente sola y vestida de negro de pies a cabeza; menudo contraste el que hacía con sus celestes ojos de niña y su cabello rojo como la sangre.

Me pidió un cigarrillo. Tomé uno de la cajetilla que, en esa época, solía tener en el bolsillo derecho de mi abrigo. Lo encendí y se lo di. Sonrió al verme sentada al pie de su impovisado lecho.

- Ustedes los humanos son muy complicados. Buscan recibir amor pero nunca tienen el valor suficiente para ofrecerlo. - me dijo sin siquiera preguntar mi nombre ni apartar la vista del horizonte
- Supongo que solo es cuestión de encontrar a alguien que tenga el coraje suficiente para ofrecerlo y ser capaz de aceptarlo.
- ¿En realidad crees que exista alguien así? - preguntó mientras se acurrucaba un poco más a causa de la brisa de la tarde y el frío que esta le provocaba.
- Eso espero, de lo contrario estamos condenados todos a la soledad, Soledad.

Sonrió de nuevo mientras dejaba escapar una gran nube de humo de su boca. Nos quedamos en silencio por unos minutos oyendo a las olas romper. Ambas teníamos el corazón roto y se podía decir por nuestros ojos viejos infantiles, tan secos y cansados de llorar.

Se puso de pie y agradeció por el cigarro. Dio un par de pasos antes de volverse hacia mí y decir:
- Tú pareces valiente.
- Tal vez, pero no lo suficiente - respondí
Intercambiamos sonrisas y se alejó mientras yo observaba mi aliento dibujarse en el aire frío.

Solo deseo que haya encontrado a su humano valiente.

20.1.13

She is always on my mind.

Caminaba por la acera con las manos en los bolsillos. Había mucha gente y al pasar entre ella se sentía en un video de The Verve por lo mucho que se tropezaba con las personas y lo poco que le importaba.

No solía salir a la calle a esa hora, ya que el sol estaba muy alto y ella detestaba eso. Detestaba el verano, la ponía de mal humor. Suelen decir que el verano llena a las personas de energía y felicidad, y que el invierno las hace sentir tristes y nostálgicas; con ella era al revés. El verano la aturdía. Tanto calor la hacía buscar el equilibrio, y para esto necesitaba conviertir su ánimo en el de alguien horrible y frío.

Y era aquella la época en que afloraban sus miedos, sus dudas, su eterno sufrimiento. Aquella en que se le hacía difícil dibujar una sonrisa, sobre todo una sincera. Pero hoy había decidido salir a la calle, con fin de despejarse un poco y alejar aquello que no había dejado su mente durante los últimos 4 días. Podía sentir cómo los rayos del sol tocaban su piel con una fuerza algo violenta y algo dulce a la vez; imaginaba que eran como él: ni muy malo ni muy bueno, tan Rosenvinge, tan punto medio.

Estaba enamorada, eso era un hecho, pero también cansada. Cansada de dudar, de pensar que cuando él respondía sus "Te quiero" lo hacía de manera automática y sin pensar antes de hacerlo; cansada del miedo de no volver a ver aquel amor que iluminaba sus dulces ojos café.

Necesitaba creer en él una vez más. Necesitaba saber que podría sostener su mano cuando necesite ayuda, pero sobre todo que estaría dispuesto a retener su brazo cuando empiece a desvariar y que la haría entrar en razón cuando fuese necesario.

Necesitaba que él creyese en ella, pero sobre todo, que creyese en sí mismo.

- ¿Qué es el amor? - le preguntó
- Baby, don't hurt me, don't hurt me..
- No seas tonto, te lo pregunto en serio.
- No lo sé. ¿Tú sabes?
- No, por eso te pregunto.
Se quedó callado por unos segundos.
- Creo que es cuando uno es capaz de morir por alguien.
- ¿Tú morirías por alguien? - le preguntó dudosa.
- No sé.
- ¿Entonces no sabes si amas a alguien?
- ¿Quién podría estar seguro?
- No sé, supongo que es una de esas cosas que se saben cuando se sienten.
- Debe de ser.
- ¿Por qué siempre dices eso?
- ¿El qué?
- "Debe de ser", "tienes razón", "claro".
- Porque creo que eso es el amor: Sonreír y tragarse las penas del otro.
- Odio que seas tan bueno. Eso simplemente no puede ser real.
- Es porque no lo soy, bonita. Yo no soy real.

Y se descubre en el carro, de vuelta a casa, apoyada en el hombro de un extraño y gordo hombre.

- ¿Ya pasamos la Av. Universitaria? - le pregunta el hombre de bigote de brocha.
Algo avergonzada, mira a través de la ventana y trata de ubicarse espacialmente.
- Es en el siguiente paradero - le responde.
El hombre le agradece, saca una pequeña caja de bombones y le entrega uno, con una sonrisa que queda perfectamente adornada por su oscuro bigote.
- "Tan perfecto"- susurra mientras el hombre se aleja. - "Tan perfecto".



7.8.12

El Artista VI. (Their sadness)


Ella lo tomó de la mano al salir del vagón del tren. Él sabía que ella solo hacía eso cuando estaba muy feliz o muy triste. La detuvo, se acercó a su rostro y miró sus ojos oscuros de pestañas caídas. Vio cómo una lágrima solitaria caía por su mejilla esquivando su nariz helada y moría en sus sonrientes labios.
- ¿Estás bien? - preguntó extrañado.
- Sí, es solo que hace mucho que no tenía la sonrisa como dibujada por tanto tiempo seguido - dijo mientras secaba con su puño aquella pequeña gota de alegría, y con esa sonrisa que no la había abandonado desde que iniciaron su aventura.

- Te amo - dijo con la mirada clavada en sus frías y delgadas manos - sé que no es la primera vez que lo digo pero es la primera vez que no tengo miedo de hacerlo - y mientras lo hacía una lágrima rodaba ahora por su mejilla.

Alexa usó el mismo puño de su enorme chompa azul para secar el cansado rostro de su compañero, y mientras lo hacía recordaba que el azul era su color favorito y que el día que ella le había mencionado su descubrimiento a Walter lo había dejado boquiabierto. "¿Cómo supiste?" le había dicho, "es simple" había respondido ella "¿qué tienen en común Batman, el Capitán América y Spiderman?" y él había reído tal y como lo hubiese hecho un niño al ver descubierto su más grande secreto.

- Te amo - dijo mientras dejaba el llanto desatarse bajo sus ojos - sé que no soy lo que esperabas y que no contribuyo a tu estabilidad o al mantenimiento de tu cordura pero es la verdad. Es la única verdad que importa al final del día ¿no?
Los dos rieron tomados de la mano.
- Sí, es lo único que importa. Ya no tenemos nada más a qué temerle.

Salieron de la estación y se dieron cuenta de que estaba empezando a llover.
- Shall we dance, my lady? - dijo con las cejas levantadas el adorable caballero
- I'd love to - respondió la damisela improvisada
La lluvia fue haciéndose cada vez más fuerte mientras ellos saltaban por la acera pretendiendo bailar.

Y eran felices, tan felices que si hubiese algo más allá de la felicidad lo serían también.




25.7.12

Bien podría.


Quisiera morir muchas veces. No es porque sea masoquista -aunque probablemente lo sea- sino porque hay muchas cosas que me gustaría hacer justo antes de morir solo para tener la satisfacción de que alguien diga que fue lo último que hice antes de morir.

Me refiero a esas veces en que uno dice "podría morir hacer haciendo esto..."; por ejemplo, yo podría morir mirando las estrellas titilar en una noche negra como el vacío; podría morir escuchando el susurro de un Je t'aime con ese acento francés que dibuja una sonrisa en mi rostro simplemente al tocar su aire mis oídos; podría morir entre los acordes de un cello; podría morir mirando cómo el sol se funde con el mar mientras la brisa desordena mi cabello a su antojo; podría morir acurrucándome en el suave terciopelo de un vestido interminablemente largo; podría morir besando sus "besables" labios.

Son cosas sencillas, lo sé, pero son las cosas que me harían lo suficientemente feliz como para morir en ellas.

Y es que no es la forma, es el momento previo a ella; es el ritmo que aquel momento conlleva. Podría morir bailando -aunque no lo haga según los parámetros usualmente establecidos ni tenga lo que se necesita para ello- solo por sentir mi cuerpo convertirse en música y la música convertirse en mi cuerpo.

Incluso podría decirse que escribo porque adoro la musicalidad que acompaña a cada palabra y que lo hago en papel porque me encanta ver cómo las líneas bailan hasta transformarse en letras; letras que al agruparse de la manera adecuada cuentan historias, sueños, pensamientos, hechos, cosas que hice, cosas que haré e incluso cosas que imagino hacer ... cosas que podría morir haciendo.



19.7.12

Vuelvo.


Desde hace un buen tiempo que he dejado de escribir. Es decir, he dejado de usar la palabra escrita para lo que inicialmente quería usarla: aclarar mi mente. Desde hace unos meses, o tal vez más, lo único que he hecho ha sido dar vueltas en problemas sin solución -o con soluciones muy obvias- y hasta he empezado a inventar historias -o deformar algunas existentes- y me he perdido.

Hoy estoy tratando de reconstruirme, de volver a ser la gran contradicción racional que era, la mujer nostálgica que podía ahogarse en carcajadas, la despeinada que no se peinaba porque no lo necesitaba, la tímida loca a la que le encantaba hablar de nada. Me extraño, extraño a la vieja de mí, extraño reír por cosas que valgan la pena, con personas que valgan la pena. Extraño a mis viejos amigos e incluso mi tan cómoda soledad. Creo que más que nada extraño ser feliz, disfrutar los días, sentirme viva.

Hace un par de días me puse a ordenar mis archivos y encontré tantos borradores, tantas cartas sin terminar, tantas historias inconclusas. Dejé tanto a medias durante todo este tiempo.

Ya es hora de levantarse, quitarse las legañas y seguir el viejo camino. Y aunque haya prometido no volver más, a veces hay promesas que deben ser rotas.


Y aunque tenga que volver a aprenderlo todo de nuevo, vuelvo.

5.6.12

There's too much love.

He pasado años intentando crear el poema de amor perfecto, pero lo más seguro es que tarde aún unos cuantos años más. No hay prisa, yo sé que tú esperas. Lo has hecho hasta hoy, lo harás un poco más.

Y es que aunque nunca te lo dije, nunca quise dejar tu recuerdo atrás. Ni el tuyo ni ninguno.
Debo confesar que te oía cantar cuando pretendía hacerte creer que sólo miraba las luces de la ciudad.
Debo confesar que me alejé porque creía falsa tanta bondad.
Debo confesar que a veces quisiera volver el tiempo y evitar los errores que cometimos ayer.
Debo confesar que he vuelto a sonreír después de ti.

No, no estoy triste. Me has visto con esa cara que pones cada vez que crees que estoy a punto de caer. Soy fuerte ahora. O al menos eso quiero creer.
Extraño tantas cosas. Me extrañan tantas cosas. Los viejos árboles, las viejas calles, la vieja de mí y el viejo de ti.

No, tal vez tengas razón y estoy confundiendo inventos con recuerdos, porque es una de las cosas que suelo hacer cuando me siento como hoy. Creí que el nudo en la garganta desaparecería con el tiempo, pero venos aquí, a mi nudo y a mí, igual que ayer.

Me duelen las heridas que no logré sanar. Las que me hiciste y las que me hice yo misma en tu nombre. Porque solía ser la mujer que no vivía tranquila: si estaba triste me dolía el dolor, y si estaba feliz me dolía el amor.

Hoy estoy purificando mi memoria. Estoy tratando de borrar todas aquellas lágrimas y todos aquellos golpes a mi almohada. Estoy lavando cada una de mis llagas como lavas la sábana en la que has amado y has llorado.

No, hoy no será el último día. Mañana también te buscaré, y si me encuentras y quieres conversar no tengo inconveniente pero no oses tocarme que aún no termino de regenerar la piel que arranqué cuando me quité lo que quedaba de ti. De ustedes.


I'm not over.

15.5.12

El Artista V. (Their fears)

Ella lo tomó de la mano mientras salían de la cafetería con una de esas sonrisas que solía dedicarle luego de haber hecho alguna travesura, cual niña pequeña.
-¿Qué hiciste, bonita?- le preguntó él con su sonrisa digna de una fotografía.
-Nada malo.- contestó ella agrandando aún más su enorme sonrisa.
Y era cierto, no había hecho nada pero le encantaba jugar y hacerle creer que estaban en problemas. Le encantaba ver su cara de preocupación. Decía que parecía un cachorro asustado.
-Ay, ay, ay- le dijo, soltando un profundo suspiro -me vas a volver loco, mujer.-
Ella se adelantó un par de pasos, dio la vuelta y empezó a caminar de espaldas; lo miró a la cara y le pidió entre risas que cantara aquella canción que había tocado para ella la noche anterior.
El empezó a tararear algo y le cantó mirándola a los ojos: "Toma mi mano. Mientras estemos juntos nada nos detendrá."
Ella sintió que volaba. Cerró los ojos mientras seguía caminando de espaldas y escuchaba la canción que él le había escrito; porque aunque no se lo había dicho, ella sabía que él la había escrito para ella.
Él la tomó de ambos brazos y comenzaron a dar vueltas como cuando eran niños y jugaban en el parque frente a la casa del señor Sánchez, aquel que se enojaba cada vez que una pelota entraba en su hermoso jardín de flores rojas.
De pronto, como si todo hubiese sido planeado por una mente maestra, pasaron por una casa cuyo jardín tenía unas flores idénticas a las que él recordaba; y aunque no fuese así no importaba porque a él le gustaba creer en las casualidades. Cortó una con los dedos, y la puso en el cabello de su musa mientras seguía tarareando el tono de la canción de la noche anterior.
-El tiempo no volverá a pasar por nosotros- le dijo mirándola a los ojos -Ahora somos inmortales.- Y la besó en la mejilla como cuando eran niños.


27.3.12

El artista IV. (Their past)

Entraron en la cafetería y ella pidió el mismo café amargo que había bebido desde el día que murió su madre, hace mucho tiempo ya.
-¿Alguna otra cosa?- preguntó la mesera, cuyos pequeños ojos buscaban insistentemente la mirada del apuesto joven que acompañaba a la niña-mujer que bebía café negro.
-Para mí, un capuccino con crema, por favor.- dijo la voz ronca y dulce del caballero en cuestión.
-Ensegida.- dijeron los minúsculos ojos, tratando de disimular el suspiro que la voz del galán había causado en ella.
Cuando la señorita se hubo retirado, los dos se miraron fijamente.
-Realmente la volviste loca.- sonrió burlonamente nuestra greñuda amiga.
Él rió mientras se arreglaba el mechón de cabello que descansaba sobre su frente, como solía hacer cada vez que estaba nervioso.
Ella sonrió al darse cuenta de que en ese momento sólo se tenían el uno al otro y nada más que el uno al otro.
-¿A qué hora sale el avión?- preguntó la melenuda.
-9:30 pm- respondieron los masculinos, pero paradójicamente hermosos labios.
-Tal vez tengamos tiempo para comprar algunas cosas.- dijo ella mientras jugaba con la azucarera que la camarera de ojos diminitos había dejado sobre la mesa antes de irse.


29.2.12

Nightmare.

Tengo un cuaderno bajo una cama que no es mía y en él hay memorias que no son tuyas. Y ojalá tampoco fuesen mías, pero lo son.
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Siento un beso en mi ojo izquierdo. Pero no, es sólo un recuerdo.

No puedo abrir los ojos. Ella no entiende; nunca lo ha hecho y nunca lo hará. No quiere escucharme, aunque le molesta verme llorar. Pero es inevitable, yo siempre lloro. Y ella siempre busca alguien a quién culpar. -"No hay culpables"- le digo. Se aburre y se va.

Siento una mano acariciar mi cabellos. Pero no, es sólo un recuerdo.

Aún tengo los ojos cerrados. Trato de dormir pero no puedo. Como un poco más de moco. Recuerdo haber sido feliz; esas cosas no pasan tan a menudo. Una mosca vuela sobre mi cabeza, tal vez sea porque no me he bañado en 10 horas. "Tigre cochino" escucho en mi mente. Estoy llorando de nuevo. -¿Cuándo dejé de ser feliz?- me pregunto. Sí, ya lo recuerdo, fue el día en que él se fue. Desde ese día quedé maldita. Desde ese día dejé de creer en la permanencia de las cosas. Desde ese día dejé de creer en la permanencia del amor. Desde ese día mi vida está trastornada. Gracias, señor Abel. Es como cuando tienes una torre de naipes; quitas uno y todo se viene abajo. Es tan frágil, tan delicado. No, la felicidad nunca me va a durar lo suficiente. Nunca voy a dejar que dure lo suficiente. ¿Por qué? Porque sé lo efímera que es y no quiero acostumbrarme a ella. "Traumas familiares", como diría Pandi. No, ya no creo en nadie, ni siquiera en mí.

Siento un te amo sobre mi oído. Pero no, es sólo un recuerdo.


25.2.12

El Artista III. (Nobody)

Sale de la ducha y se para frente al espejo. Pasa una mano sobre él para quitarle el vapor. Se mira en él y sonríe. Le gusta cómo lucen sus mejillas después de un baño tibio. Oye un par de golpes en la puerta, a lo que ella responde que ya está casi lista. Se quita la toalla y se pone su playera favorita. Se pone el único collar que ha usado desde que cumplió 16. Alborota un poco su cabello con una mano y abre la puerta con el otro.
-Me casaría contigo si no estuviésemos muertos, linda.- Le dice él sonriendo.
Al verla así, con el cabello húmedo y desordenado, descalza y con tan sólo una playera enorme que reza: "The good ones" al lado de la foto de su cantante favorita; una verdad se le reveló casi instantáneamente: sin ella, estaría perdido; sin ella no podría vivir.
Él estaba sólo en sus calzoncillos largos y ella no pudo evitar lanzarse sobre su cuello envuelta en risas. Huele su cabello y el cuello del que permanece aferrada por unos segundos, y cómo si la verdad que a él se le reveló hubiese sido lo suficientemente fuerte como para que ella la oyese, le susurra al oído: "Y yo no habría podido morir sin ti."
Se crea entre ellos un momento que parece eterno, que desearían que fuese eterno. Pero todos sabemos que nada es eterno.


18.1.12

El Artista II. (Both of them)


Treinta cuadros a su alrededor. Nunca en su vida había estado tan feliz de ver su propio rostro. En una esquina del oscuro recinto está la cama donde yace dormido profundamente. Camina despacio por la habitación, procurando no despertarlo con el sonido de sus pies descalzos al tocar el suelo. Se sienta al lado de su cuerpo semidesnudo; interrumpiendo así, la luz que la ventana sucia frente a la cama dejaba entrar. Lo acaricia con la mirada. Pone su mano derecha sobre su espalda pero sin tocarlo. Su piel estrellada la  hipnotizan por algunos segundos.
Cuando por fin se ha decidido a tocar su piel, él siente el calor de su mano y gira su cuerpo hacia ella. Sus miradas se cruzan por un par de minutos; sus rostros están tan cerca el uno del otro, que ella puede sentir su aire.
Ella:
El corazón se le acelera y sus brazos mueren por rodearlo, mientras sus labios debaten con su cerebro si es propicio o no lanzarse sobre él y bañarlo con sus besos. Siente su mirada pero no está segura. Ya le ha pasado lo mismo varias veces. No sabe qué hacer. Sus ojos se llenan de lágrimas sin que ella se lo proponga. El corazón no deja su ritmo y sus ojos luchan por no dejar a las lágrimas desbordar.
Él:
Tiene los músculos tensos por la rapidez de su reacción. Siente un mareo que no sabe si podrá controlar. En medio de su confusión por la somnolencia que apenas se está quitando, se pregunta si  todo esto no será sólo producto de la botella de vino que rodó bajo su cama antes de quedarse profundamente dormido. De pronto, logra vencer al ensueño y la ve sentada a sólo un par de centímetros. Como alcoholizado por su suave aroma, toma un mechón que caía sobre su frente y pensó en que siempre lo había visto pero nunca se había preguntado porque siempre caía. Lo acomoda suavemente y sin pensarlo mucho, besa sus helados labios con un beso limpio y torpe; muerde ligeramente su labio inferior y la abraza como si acabase de cruzar el infinito para hacerlo.
Ella:
Con aquel abrazo, despertó a sus demonios. Seguía helada hasta los huesos, a pesar de que el corazón le latiera tan rápido y sintiera como si la sangre le hirviera con cada boom interno. Se desplomó sobre sus piernas y rompió en llanto. Dejó que él acariciara el cabello largo que ya había olvidado tener. Escuchó un “te quiero”, pero no estaba segura de si lo había escuchado de verdad o era sólo producto de su imaginación. Volvió su rostro hacia él y lo miró, tan pálido y limpio. Comprendió al fin lo que estaba sucediendo.
Después de varios segundos ella por fin libera la voz que él había extrañado durante tanto tiempo.
-Al fin estás aquí. Creí que tardarías más.
-Lo intenté. Lo juro. Pero no pude más.
-Te extrañé.
-Estuve a punto volverme loco.
Ella soltó una lágrima más y lo besó.
De pronto, la única puerta en la habitación se abrió y se oyó un grito de horror. La mujer entró corriendo y se postró ante el cuerpo inerte, tendido sobre la cama.
-Pero, ¿qué es lo que has hecho, hijo?- gruñó la pesada mujer.
Entre sus manos encontró la foto de una sonriente joven. Le dio la vuelta y leyó la inscripción:
“14-11: Cumpleaños #27.
Ya sabes, cadáveres bonitos.
D.M.”
Su hijo tenía 27 años cuando lo enterraron y una rosa roja dentro de la botella de vino al lado de su cama cuando lo encontraron.



17.1.12

El Artista I. (She)

Quebrados, entre sus ojos, estaban los días que había jurado olvidar.
Hace mucho que no tocaban a su puerta los recuerdos que tanto daño y sufrimiento le habían causado. Como una ráfaga de viento helado, llegan todos, agolpándose y haciendo más difícil y doloroso su arribo.

Y lo peor de todo era que dichos recuerdos no eran feos; al contrario, eran los más hermosos que pudiera recordar. Ella era lo más hermoso que pudiera recordar.
Porque si fuesen feos, podría enterrarlos y superarlos; podría reprimirlos en la memoria y pretender que nunca existieron. Pero no, la belleza de su naturaleza era la que le daba poder; le daba el don de la inmortalidad en él.

Y lo hacía sufrir como un condenado cada vez que intentaba dormir. Su mirada traviesa volvía cada noche para recordarle la miseria en la que vivía sumido desde que ella se fue.
Y aunque ya estaba harto de su recuerdo, no sabía que más hacer para alejarla de su mente. La culpa de no haber retenido su mano aquella noche lo mataba un poco más cada día.

"Si tan solo le hubiese pedido que no se vaya.. Si tan solo se hubiese quedado a mi lado aún seguiría con vida" - piensa.

Sentado en el borde de su cama, muerto de calor, piensa que ojalá él hubiese muerto con ella. Porque en cierta forma ella también lo mató aquella noche. Porque ella arrastró no sólo su propio cuerpo, sino también el amor de él hasta las profundidades del mar en esa playa; y así se llevó consigo sus ganas de amar.

Así lo convirtió en un muerto viviente al que ya nadie quiere mirar.



9.1.12

She's calling.

Tú. Yo.
No.
Desplomada en el suelo.
No quiero hablar. Mírame y ya.
En cuanto tus pies dejen el suelo, yo ya no existiré.
Lo sé. Vamos. Otra vez es lo mismo.
Sólo volveré a callar. Al parecer soy buena en esto.
Me voy. Ya no preguntes.
Pronto se te olvida.
No es tan importante.
No soy tan importante.
Déjame.
Digo estar bien.
Voy a estar bien.

Vamos.
No es tan malo.
Escúchate.

No estoy sola pero quisiera estarlo.

No me escuches.
Sólo digo tonterías.

Go ahead.
She is waiting for you.
You will love her.
I love her.
Escúchala.

Aquí estaremos de nuevo.
Nada he de cambiar.
Estoy bien.
Si lo repito, tal vez me lo creo.

I will miss you.
That's all.



8.12.11

I just don’t know what to do with myself.

De un tiempo a acá nada es igual. No sé qué lo inició pero ahora me resulta difícil volver a encontrar mi camino; ese camino que creía hecho a mi medida y del que me desvié en algún momento, sin siquiera darme cuenta.
Ahora estoy caminando lejos de todo aquello en lo que creí que era buena. De todo aquello que creí que era bueno. Estoy perdida y necesitando una mano amiga.
Pero me es tan difícil pedir ayuda. Me he acostumbrado a caminar sola y la mala costumbre no se me quita. Creí que el tiempo a solas sería suficiente para recuperar a la vieja de mí, pero no es así. Por el contrario, he alejado a aquellos en los que confío con cualquier excusa.
Pero tengo que aceptarlo: estoy perdida. Perdida como hace un par de años cuando sentí que mi vida no tenía sentido y que nada por lo que siguiera viviendo era suficiente razón como para seguir haciéndolo. Buscando una razón lo suficientemente fuerte como para no soltar la única mano que intenta sujetarme del precipicio.
No. No quiero dejarme caer como aquella vez. No creo que pueda volver a levantarme si lo hago. A demás, ya crecí. Ya no soy la misma niñita inmadura que se dejaba derrumbar por cualquier dificultad. Ya basta de andar llorando por los rincones. Ya no quiero ser débil, por favor.

Un abrazo ayudaría. Lástima que no me guste el contacto físico.


4.12.11

Cold nights.

¿Dónde estás? Te veo ahí parado y no hago más que preguntarme si realmente eres tú o es mi mente que fuerza tu recuerdo para no sentirse tan sola, tan vacía, tan odiada. ¿Dónde estás?
¿Dónde está ese hombre que me miraba a los ojos y encendía un mundo nuevo? Que hacía estallar cada uno de mis sentidos con sólo proponérselo. Lo busco. Lo busco y no lo encuentro. Pareciese que se ha querido ir. Pareciese que me ha olvidado. Pareciese que lo aburrí.
A veces siento que toma mi mano tan sólo por inercia. Por no tener que buscar otra a la cual aferrarse.
Pero mi abrazo es tibio y mi piel ha aprendido a acogerlo. A hacerlo feliz.
Así que no creo que sea cierto, porque sus ojos aún me ven como a la mujer a la cuál solíamos amar. Aún camino en su mente cual Pedro en su casa. Aún toma mi mano con la misma fuerza y me da de esos besos que me hacen olvidar el mundo por unos segundos.
Lo que pasa es que no dejo de extrañar sus ojos, no dejo de soñar su risa y esperar su aliento.
Y una vez más, me acuesto al lado de mi nostalgia, cual Safo que añora a su amante.


25.10.11

Ojalá fuese Ella

Ella esta como loca. Camina de arriba para abajo sin que nada ni nadie pueda detenerla. Ha dicho cosas que no tienen vuelta atrás. Ella está ansiosa. El café de sus piernas se estremece al pensar en lo que Él pueda estar pensando en este momento. Ella dice que no le importa y no se ha atrevido a contarle a nadie lo que acaba de hacer porque tiene miedo. Está ansiosa. Está nerviosa. Ella se sienta sola en un rincón a leer algo que en realidad no le interesa. En realidad, Ella hace como que lee porque sinceramente no le interesa. Las cuatro páginas que escribió el día anterior le dan vueltas en la cabeza. Le corren por las venas y Ella intenta acallarlas. Se prometió no hablar más del tema pero muere por preguntarle. Muere por saber qué piensa. Muere por saber qué siente.
Y para colmo de males está Esa Otra, con su voz de niña y su andar seguro. Sabe que tiene a medio mundo a sus pies porque es bonita pero se hace la inocente. Se hace la pura. Y aunque Ella realmente no piensa todo esto de Esa Otra, lo dice porque está ansiosa. Porque está nerviosa. Porque está enojada.
Ella está enojada consigo misma. Trata de parecer segura pero en realidad la matan los celos. Y sabe que no hay razón para eso pero no puede evitarlo. Se siente intimidada por Esa Otra y no sabe qué hacer con todo lo que la hiere por dentro.
Ella se come el cerebro tratando de imaginar lo que pasa por la cabeza de Él.

Ella ya no sabe qué hacer.